UN AMORÍO ENTRE DOS PUEBLOS

 Fotos por: Fernando Reyes

Fotos por: Fernando Reyes

Reseña por: Giann Rivera

El sábado, 25 de marzo de 2017, hubo un hermoso intercambio entre el grandísimo Silvio Rodríguez y el público boricua. Desde antes que saliera la banda, se sentía una energía incontenible de parte de los presentes que llenaban a capacidad la parte reducida del Coliseo de Puerto Rico José Miguel Agrelot. Es importante notar que a pesar de ser un artista con una trayectoria que comenzó hace más de 40 años, Silvio ha logrado obtener una fanaticada muy diversa en cuanto a edad se refiere. En ese coliseo se encontraba una gran cantidad de jóvenes que se identifican a plenitud con el mensaje y la identidad que presentan las canciones de este cantautor cubano. Parece que ahora más que nunca el discurso de amor y revolución de la Nueva Trova cobra vigencia entre los jóvenes, dado en parte a los innumerables atropellos y problemas que ha traído el sistema colonial en años recientes (y en el presente).

    Luego de que saliera la banda y tocaran un corto “jam”, se aparece a la tarima Silvio Rodríguez, quien fue recibido con un gran fervor y un poderoso aplauso. Desde que comenzó a cantar Una canción de amor esta noche, fue muy fácil notar por qué este hombre aún logra llenar estadios después de tantos años. El concierto fue un testimonio de cuán bien se ha podido preservar la voz de Silvio, que aún alcanza notas que uno no esperaría que alcance. La selección de canciones fue excelente; usualmente surgían letras específicas que recibían una mayor reacción del público, como cuando en Tornados de albedrío dice “en el imperio mañoso no se debe confiar”. La fanaticada se llenó de alegría al escuchar a Silvio anunciar que interpretará la Tetralogía de mujer con sombrero, una serie de cuatro canciones que incluye una de sus más famosas, Óleo de mujer con sombrero.

    La noche entera tampoco se trató de Silvio exclusivamente; sus músicos realmente se lucieron en esa tarima, especialmente su flautista y sus guitarristas. Aunque muchas de sus grabaciones originales hayan sido compuestas de sólo su voz y su guitarra, Silvio trae una nueva energía a sus canciones al ser acompañado por una banda del calibre más alto. La agrupación se componía de un contrabajo, vibráfono, batería, piano, flauta y dos guitarras. Junto al público que cantaba acoro, Silvio y sus músicos interpretaron una buena cantidad de temas clásicos como La maza, El necio, Gaviota, Mujeres (que dedicó a la prisionera política puertorriqueña Ana Belén Montes), entre otros.

    Cuando el grupo salió de la tarima, el público se mantuvo inmóvil y con la misma energía, esperando que Silvio volviera con sus acompañantes. Sin embargo, volvió con más acompañantes que antes, al invitar a la Camerata Coral de Puerto Rico para cantar su canción insignia: Ojalá. Este fue el primero de múltiples bis que hizo Silvio, lo cual mantuvo al público entre sus asientos y la puerta de salida. Antes de cantar otro de sus grandes éxitos, Canción del elegido, quiso dedicar la interpretación de dicha canción a varias figuras que se han convertido en símbolo de lucha y libertad puertorriqueña: Don Pedro Albizu Campos, Lolita Lebrón, Juan Antonio Corretjer, Filiberto Ojeda Ríos y Oscar López Rivera.

    El público puertorriqueño no pudo haber quedado más agradecido luego de aquella colección de poesías musicales del verdadero padre de la Nueva Trova.